<¿xml version=“1.0” encoding=“Español”?>

Andaba el otro día trasteando por wikipedia —es uno de mis deportes favoritos— y descubrí que, sorprendentemente, uno de los rasgos más característicos del español no tenía entrada independiente en su versión en castellano, pero sí en inglés. Me refiero a los símbolos de interrogación y exclamación iniciales, ¿ y ¡. El uso de estos signos es exclusivo del castellano y del asturiano (probablemente por influjo del primero) y se utiliza también de forma opcional en otras lenguas peninsulares, como el catalán y el gallego. Ningún otro idioma de origen latino incluye estos signos en su escritura; ni el italiano, ni el francés, ni mucho menos el romanche. Tampoco están presentes en lenguas europeas no romances que usen el alfabeto latino. Así que estamos hablando de una característica tan definitoria de nuestra lengua como la popular letra Ñ, que generó ríos de tinta en favor de su “indulto” cuando, a principios de los noventa, algunos fabricantes de teclados para ordenador se plantearon dejar de incluirla en ellos. De los símbolos de interrogación y exclamación iniciales, sin embargo, nunca se acuerda nadie, a pesar de que gracias a ellos los lectores tienen que esforzarse mucho menos para comprender textos complejos.

Una de las características fundamentales de muchos lenguajes de marcado —entre ellos los lenguajes XML, como XHTML5 y MathML, que pertenecen al nuevo estándar EPUB3 de libro electrónico— es que exigen que todo esté correctamente anidado en ellos. Los que no entendéis de qué va XML, lo tendréis mucho más claro con el ejemplo a continuación.

Imaginemos que estamos haciendo la lista de la compra y, para no olvidarnos de nada, agrupamos los artículos por secciones. Así que decidimos hacernos nuestro propio documento XML, que puede verse así:


<listacompra>
    <fruteria>
        <fruta>naranjas</fruta>
        <fruta>manzanas</fruta>
        <fruta>peras</fruta>
    </fruteria>
    <carniceria>
        <carne>morcillo</carne>
        <carne>falda</carne>
    </carniceria>
</listacompra>

Dentro de listacompra va fruteria. Dentro de fruteria van naranjas y manzanas. No puedo empezar carniceria si antes no he terminado con fruteria. Cualquier cosa que vaya entre los símbolos < y > es la apertura de una etiqueta, como <fruteria>. Cualquier cosa que vaya entre </ y >, como </fruteria>, es un cierre de etiqueta. Tienes que usar las etiquetas como si fueran muñecas rusas o matrioskas; es decir, tienen que encajar las unas perfectamente dentro de las otras. Esto es un principio elemental de los lenguajes XML y lo llamamos anidar correctamente las etiquetas.

Muñecas rusas o matrioskas (wikipedia)

Pues bien, la española es una de las lenguas naturales que más se parecen al XML. Para empezar, tiene los signos de interrogación y exclamación iniciales, con lo cual el lector sabe perfectamente cuándo empiezan y cuándo acaban las interrogaciones y las exclamaciones cuando está leyendo un texto. De esa manera, sabe siempre a qué atenerse aunque una pregunta sea muy larga o comience a la mitad de una frase.

—Entonces —apostilló Watson—, si sabemos que Johnson estaba en el teatro, ¿quién la mató?

—Esa es la pregunta, Watson. Aunque ¿y si Johnson nos hubiera engañado de algún modo? Si hubiera salido por la puerta de atrás, ¡habría llegado a tiempo de cometer el crimen!

Imaginaos este diálogo sherlockholmesco que me acabo de inventar escrito directamente en inglés, tal y como está puesto en español. ¿A que sería más difícil de entender? Quedaría antinatural. Por eso en otras lenguas tienden a hacer las oraciones más cortas. No las “sincopan” tanto como nosotros.

En el registro coloquial hay otros ejemplos de interrogaciones y exclamaciones matrioskeras. “¿¡Sabías el día de mi cumpleaños!?” y “¡¿Sabías el día de mi cumpleaños?!” son correctas, pero no “¿¡Sabías el día de mi cumpleaños?!” ni “¡¿Sabías el día de mi cumpleaños!?”. Asimismo, el número de signos de apertura debe coincidir con el número de signos de cierre: está bien “¡¡¡Sabías el día de mi cumpleaños!!!” pero no “¡¡¡Sabías el día de mi cumpleaños!!”. En resumen, un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio.

Otros elementos que deben encajarse perfectamente como muñecas rusas son las aposiciones, aunque esta característica no es ya exclusiva del castellano. Si tenemos unas aposiciones anidadas en otras, debemos ir cerrándolas ordenadamente desde dentro.

Dos perros grandes —un san bernardo y un mastín (tal vez mezclado con pastor alemán)— jugaban en el porche.

Si abrimos un paréntesis dentro de un texto entre rayas, debemos cerrar el paréntesis antes de cerrar la raya. Lo mismo se aplica para las comas.

Volviendo a los símbolos iniciales de interrogación y exclamación: ambos nacieron como recomendación de la Real Academia Española en 1754 y se fueron adoptando paulatinamente a lo largo del siglo siguiente, mucho antes del nacimiento del XML y su exigencia de anidar correctamente las etiquetas en 1997. Siglo XVIII: esa época de avances increíbles sin la que no podría entenderse la informática tal y como es hoy.

Nostalgia de lo moderno

Tenía pensado escribir un sesudo artículo sobre el paradigma de lenguaje de marcado, sobre la necesidad de controlar el contenido y la estructura para pasar a preocuparse sobre la presentación una vez que el texto está terminado. Pero la introducción a LyX a la que cualquiera puede acceder después de instalarse el programa en su ordenador lo dice mucho mejor que yo, así que la he traducido para vosotros. Disculpad los errores que podáis encontrar en el texto: no soy traductora experta y es fácil que se me haya colado algún “falso amigo”.

LyX es un sistema de procesamiento de textos. Es excelente para escribir complejos artículos científicos con fórmulas matemáticas, referencias cruzadas, bibliografías, índices, etc. Es muy bueno con documentos de cualquier longitud en los que necesitas las características habitualmente requeridas para este tipo de trabajos: paginación y creación automática de secciones, revisiones ortográficas y todo lo demás. También puedes usarlo para escribir una carta a tu madre, aunque seguramente hay por ahí programas más simples para eso. Definitivamente no es la mejor herramienta para crear banners, folletos publicitarios o anuncios (explicaremos por qué más tarde), aunque con algo de esfuerzo puedes hacer todas estas cosas, también. Algunos ejemplos de funciones para las que puedes usar LyX: memorandos, cartas, tesis y dossieres, apuntes, notas de seminarios y conferencias, documentación de software, libros, artículos referidos en publicaciones científicas, guiones para películas y obras de teatro, planes de negocio, presentaciones…

LyX permite una aproximación moderna a la creación de documentos con ordenador gracias al uso del paradigma de lenguaje de marcado, una aproximación que rompe con la obsoleta tradición del concepto “máquina de escribir”. LyX está diseñado para autores que quieren un resultado profesional sin complicaciones, con el mínimo esfuerzo, sin necesidad de volverse especialistas en maquetación o composición tipográfica. El trabajo de maquetación lo hace mayoritariamente el ordenador, no el autor; con LyX, el autor puede concentrarse en el contenido y no en la forma.

Parte del reto inicial de usar LyX viene del cambio de creer lo que tú, usuario, debes hacer. Al principio, todo lo que teníamos para crear documentos eran máquinas de escribir, así que todos aprendimos ciertos trucos para superar sus limitaciones. En ese entorno limitado, subrayar, por ejemplo, que es algo más que superponer el carácter “_”, se volvió la forma más habitual de enfatizar texto. Para mostrar datos tabulados, estabas forzado a imaginarte el tamaño de las columnas y los tabuladores y configurarlos antes de crear una tabla. Lo mismo se aplicaba para las cartas y otros textos justificados a la derecha. Partir las palabras con guiones al final de la línea requería también muchísima atención.

En otras palabras, todos hemos sido entrenados para preocuparnos sobre qué carácter va dónde. Consecuentemente, casi todos los procesadores de texto parten de esta mentalidad. Ellos aún usan tabuladores para añadir espacio en blanco. Todavía necesitas preocuparte sobre en qué lugar exacto de la página aparecerá algo. Enfatizar texto significa cambiar una fuente, igual que cuando cambiábamos la margarita de la máquina de escribir con el mismo objetivo. Esta es la filosofía subyacente de lo que es un procesador de textos WYSIWYG (What You See Is What You Get). Desafortunadamente, este paradigma a menudo resulta en “What You See Is All You Get” (lo que ves es todo lo que tienes).

Este es el punto en el que LyX difiere de los procesadores de texto ordinarios. No te encontrarás a ti mismo preocupándote por si lo que estás escribiendo va bien justo ahí. Solo tienes que decirle a LyX qué estás haciendo y LyX se ocupa del resto, siguiendo un conjunto de reglas de estilo. Para ser justos, algunas de las versiones más recientes de las suites de oficina más populares ahora tienen algún tipo de hojas de estilo que siguen un método de marcado similar. Sin embargo, nuestra experiencia es que aún se ponen rara vez en práctica. Consideremos un pequeño ejemplo:

Supón que estás escribiendo un dossier. Para empezar tu texto, quieres una sección llamada “Introducción”. Así que te vas a la parte del menú que hay en tu procesador de texto que cambia el tamaño de fuente y eliges un nuevo tamaño de fuente. Luego eliges poner ese texto en negrita. Después escribes: “1. Introducción”. Naturalmente, si tú luego decides que esta sección debe estar en algún otro lugar del documento o si insertas una nueva sección antes de ella, necesitas cambiar su numeración y la de todas las secciones subsiguientes, así como cualquier entrada en la tabla de contenidos.

En LyX, solo tienes que irte al menú desplegable que hay en la parte izquierda de la botonera, seleccionar Section y escribir “Introducción”.

Sí, eso es todo. Si cortas y pegas la sección, se reordenará automáticamente, en cualquier sitio donde la pongas. Y si introduces referencias a esa sección correctamente (esto es, insertando etiquetas de referencias cruzadas), LyX las actualizará automáticamente por todo el documento para que nunca, jamás tengas que volver a introducir un número de sección.

Ahora echemos un vistazo al problema de la consistencia. Cinco días más tarde, vuelves a abrir tu dossier y comenzar la sección 4. Sin embargo, olvidas que estabas usando la negrita de 18 puntos en vez de la de 16, así que escribes el encabezamiento de la sección 4 en una fuente diferente de la que usaste para la sección 1. Ese problema no existe en LyX. El ordenador ya está al tanto de todos estos detalles tontos, no tú. Después de todo, es en estas cosas en las que los ordenadores son realmente buenos.

Aquí tenemos otro ejemplo. Supón que estás haciendo una lista. En otros procesadores de texto, una lista es solo un montón de golpes de tabulador y saltos de carro. Tienes que tener en cuenta dónde pones el “bolo” de cada nuevo ítem de lista, las líneas blancas a poner después de cada ítem y todo lo demás. En cambio con LyX, tú solo te preocupas de dos cosas: qué tipo de lista estás haciendo y qué quieres poner en ella. Eso es todo.

Así que la idea básica que subyace en LyX es: especifica qué estás haciendo, no cómo lo haces. En vez de “What You See Is What You Get” (lo que ves es lo que obtienes), el modelo de LyX es “What You See Is What You Mean” (lo que ves es lo que quieres decir). Es una idea poderosa que simplifica enormemente la manera de escribir documentos. Esta es también la razón por la que LyX no es tan bueno para crear folletos y carteles. En esos casos, quieres especificar exactamente dónde va todo, porque no tienes unidades funcionales como párrafos, secciones, etc. Esto no significa que LyX no tenga algunas de estas funciones tan útiles en estos casos. Simplemente ocurre que no es la herramienta correcta para ese trabajo, igual que no usarías un destornillador para clavar un clavo.

Sobre LyX, ¿qué puedo decir? Suaviza muchísimo la curva de aprendizaje de LaTeX y es realmente potente. A los nostálgicos de WordPerfect nos retrotrae a esos años noventa en los que había que aprenderse atajos de teclado para resaltar algo en negrita y se tenía constancia de la estructura real del documento que uno estaba creando. Ese paradigma tiene hoy más fuerza que nunca con el surgimiento del libro electrónico. Si los autores escribieran en programas WYSIWYM, a los editores se nos facilitaría muchísimo la tarea.

Amor por lo que hacemos

«Nosotros mandamos los originales a la India y nos los convierten allí a EPUB por menos de cien euros.»

Esta afirmación se la escuché a más de un editor durante la feria Liber en Madrid el mes pasado. Editores que confían en que gente que no conoce el idioma convertirá satisfactoriamente un original no pensado para su edición digital en un libro de calidad aceptable. Personas que no perdonarían una nota al pie mutada de página o párrafos truncados a la mitad son capaces incluso de tolerar errores ortográficos graves en libros electrónicos con tal de ahorrar gastos. Creen que nunca rentabilizarán su inversión (su derroche, piensan ellos), operan en términos mercantiles e imaginan que sus lectores también lo hacen, que jamás pagarán por un libro digital editado con mimo. Por eso se limitan a enviar obras de fondo que ya han exprimido suficientemente a lugares donde les hacen una conversión automática por cuatro duros sin preocuparse realmente por el resultado final: «oye, si lo compra alguien, eso que hemos ganado, total, para lo que ha costado la conversión». Imposible plantearse que cambien su flujo de trabajo para las novedades: editar primero en digital para tener un texto limpio sobre el que trabajar y, a partir de ahí, adaptarlo para impresión o para la maquetación líquida específica de entornos digitales.

No confían en los lectores: los creen agazapados, a la espera de un descuido para alzarse con el libro robado. De ahí que destinen esfuerzos mínimos a la edición digital, un entorno en el que no obstante creen que deben estar presentes para no ser menos que sus rivales (ah, esa carrera absurda por la mediocridad en la que nadie quiere ser el último, pero tampoco el primero). Y, con un panorama tan pobre, los lectores españoles tampoco se sienten especialmente culpables cuando piratean un libro: tildan de usureros a unos editores que no son más que niños asustados, incapaces de asumir sus propias responsabilidades.

Algo está empezando a cambiar, sin embargo: Ediciones B ha dado un paso importantísimo atreviéndose a poner parte de su fondo a la venta sin DRM y con un precio asequible. Otras editoriales más pequeñas ya lo han hecho, pero esta es la primera de las grandes que apuesta por la confianza en sus lectores, por no insultarlos ya de entrada.

Tal vez nuestros entrañables editores timoratos estén empezando a darse cuenta —aunque en su mayoría no estén preparados aún para admitirlo públicamente— de que la suya es una carrera suicida hacia la irrelevancia cultural. Por eso se agradecen tanto las opiniones de Juan Gómez Jurado y Lorenzo Silva, escritores ambos (no parece este un dato casual). Ojalá ellos puedan despertar a nuestros insomnes editores y comentarles que su oficio sigue ahí, esperando el cariño de alguien.

Qué puedes encontrar aquí

Esto es un blog sobre edición, ya sea en papel o en formato digital. Así que aquí encontrarás novedades sobre el sector editorial —tanto español como mundial— y lamentos varios sobre el luddismo de un sector que se aferra a un modelo moribundo o pretende defender un corralito basado en mantener artificialmente una escasez en la oferta frente a los lectores hambrientos de libros. Porque yo no creo en la sostenibilidad de un sistema que defienda a los editores, distribuidores y libreros y deje desprotegidos a los lectores. No creo que un sistema así se pueda mantener a largo plazo, ni desde el punto de vista económico ni desde el democrático. Por eso aquí no encontrarás trucos empresariales para comerse a la competencia o conseguir que cada libro vendido sea más rentable. Para hacerse rico y famoso está la tele; y últimamente, parece que lo del dinero rápido también se ha complicado en la tele.

Con el paso del tiempo, también publicaré contenidos útiles para profesionales del libro, como tutoriales técnicos sobre edición electrónica o artículos dedicados a cuestiones gramaticales y ortográficas. Incluso podrás ver un artículo en Lorem Ipsum —el primero de este blog— que seguiré manteniendo publicado hasta que los chicos de Readability arreglen unos problemillas relacionados con su botonera, ya que van a utilizarlo como banco de pruebas.

Esto es todo, de momento. Espero que este blog os sea útil.